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JCBP. Antología de poemas. Vol. 2

 

La cena

Ella no espera, él tampoco, yo lo intento.

La mesa siempre puesta, una afirmación para los tres.

La lentitud en sus actos, los sesos rugiendo y yo muriendo.

No se comparte, la mesa es rectangular, ya no hay memoria para describir más.

El ruido no puede edificar, pero la saliva si.

¿Quién quiere esperar para cenar?

 

Los extraño, espero coman bien,

Ella cocina, él recoge y yo lavo.

¿Un recuerdo?


¿Sal?

Atrapado, sus ojos no son rápidos pero, agotados de observar, Marcos opta por llorar.

La humedad y la salinidad de sus lágrimas no las distingue del sabor a mar.

Su boca seca, apenas humectada por algunas gotas.

Marcos no sabe parar ni diferenciar.

Sumergirse más, un poco más.

Así no se verá en la obligación de explicar un asesinato, ni mucho menos, el abandono de su voluntad.

Marcos calla todo.

A veces menciona lo mucho que añora el mar, ese que abarca la inmensidad.

Que en su profundidad Marcos puede desaparecer.

El mar que le permitió a Marcos reír y llorar.


Self control

Derramar

¿Qué es lo que estoy conteniendo?

Lo que no conservo se vinagra o ¿El mal olor es mi enfermedad?

Agujas y vacíos. Todo lo quiero derramar.

Jugos, saliva o palabras ¿qué es lo que la gente derrama?

Nada sabe mal.

 

Guardar para cuando haya necesidad.

Hay presión para expulsar el humor.

¿Qué nos contiene de no derramar lo que nos sabe mal?

Se tiene que soportar, hasta que la gota llene, se derrame, y de nuevo…

Agujas y vacíos, hay que contener, empujar el hedor hasta la pestilencia.

Hasta que el jugo y la saliva decoren tu palabra.


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